El #BancoMundial en sus plataformas de información realiza mención sobre la migración venezolana. Lo que no dice es que #EEUU y sus constantes ataques a #Venezuela han provocado que este sea el segundo país con más crisis migratoria después de #Siria. #migraciónvenezolana Lea la nota en el siguiente link https://bit.ly/2Dn89cj Mire el #Vídeo 🎥

Posted by Compruébalo on Thursday, 18 April 2019

El Banco Mundial (BM) asegura, a través de sus redes sociales, que después de la crisis migratoria Siria, el éxodo venezolano es el segundo más importante actualmente. Lo que el Banco Mundial no menciona, es que las complicadas coyunturas que viven ambos países tienen un denominador común: Estados Unidos.

Esta injerencia occidental ha inducido a ambas naciones en una crisis política, económica y social.

Lo que el Banco Mundial no menciona, es qué país y líderes políticos, están detrás de estos dos hechos. En términos estratégicos Estados Unidos debe evitar el crecimiento de cualquier desafío potencial a su dominio; el aspecto militar de esta política es importante. Siria es un claro ejemplo, ha sido bombardeada en más de una ocasión, en coordinación con Francia y Reino Unido. El resultado de estos ataques militares, son cientos de miles de personas desplazadas y en movilización forzosa para proteger sus vidas.

Las decisiones de Estados Unidos también arremeten contra Venezuela y su pueblo, con sanciones y restricciones económicas, además de congelar sus activos en bancos internacionales, afectando directamente a la economía venezolana por cientos de millones de dólares.

El primer asedio se formalizó el 9 de marzo de 2015, cuando Barack Obama firmó un decreto ejecutivo que declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria”. Literalmente, este decreto dice: “Por medio de la presente, informo que he emitido una Orden Ejecutiva declarando una emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos representada por la situación en Venezuela”.

Esa orden ejecutiva se ha ido extendiendo en el tiempo y ampliando en sus efectos. En mayo de 2018, Donald Trump, en respuesta a la “insolencia” de convocar (una vez más) a elecciones democráticas, decretó sanciones del Departamento del Tesoro para prohibir la compra, por parte de ciudadanos estadounidenses, de cualquier deuda del Gobierno de Venezuela, incluidas las cuentas por cobrar. Estas sanciones incluyen al Banco Central y a la estatal petrolera PDVSA. Al día de hoy, Venezuela no puede hacer uso del Dólar como moneda internacional, ni puede negociar ninguna transacción internacional a través de dicha divisa. Esto implica la imposibilidad de negociar la deuda externa, ya que la mayoría de los contratos de deuda pertenecen a jurisdicción estadounidense.

En esa línea, gran parte del sistema financiero internacional ha venido propiciando, en los últimos años, un esquema de bloqueo hacia las operaciones financieras de Venezuela. Se han sucedido cancelaciones unilaterales de contratos de corresponsalía bancaria del Citibank, Comerzbank, Deutsche Bank, etc. Desde julio de 2017, el agente de pago de los bonos emitidos por PDVSA, Delaware, informó que su banco corresponsal (PNC Bank) en Estados Unidos se negaba a recibir fondos provenientes de la estatal petrolera.

En 2017, 300 mil dosis de insulina pagadas por el Estado venezolano no llegaron al país porque el Citibank boicoteó la compra de este insumo.

El banco estadounidense se negó a recibir los fondos que Venezuela estaba depositando para pagar la importación de este inmenso cargamento, necesario para los pacientes con diabetes. En consecuencia, la insulina quedó paralizada en un puerto internacional, a pesar de que existían los recursos para adquirir el medicamento. A eso se suma que el laboratorio colombiano BSN Medical impidió la llegada de un cargamento de Primaquina, medicina usada para tratar la malaria. Un total de 23 operaciones en el sistema financiero internacional fueron devueltas (entre ellas 39 millones de dólares para alimentos, insumos básicos y medicamentos). Finalmente, desde noviembre del año pasado, 1.650 millones de dólares de Venezuela destinados a la compra de alimentos y medicinas están secuestrados por parte de la empresa de servicios financieros Euroclear, en cumplimiento de las sanciones del Departamento del Tesoro de EE. UU.

Éstos y otros ejemplos, se pueden citar para evidenciar el tipo de guerra que Estados Unidos mantiene con Venezuela.

Al mismo tiempo, el país del norte, gestiona ante organismos internacionales como las Naciones Unidas, la urgente declaratoria de crisis humanitaria, para enviar ayuda y asistencia a la población. Por supuesto, no asume su responsabilidad en los efectos que genera el bloqueo sistemático.

Finalmente, una de las últimas acciones ejecutadas en materia política por Estados Unidos, fue la promoción de Juan Guaidó como presidente de Venezuela.  El autoproclamado Mandatario, responde a los intereses de Trump. Esta acción constituyó otra envestida frontal en contra de la democracia y el pueblo venezolano.

Los casi 3 millones de venezolanos que han abandonado el país, son el resultado de las sanciones políticas y económicas, impuestas a Venezuela, afectando directamente a la economía y a su pueblo por cientos de millones de dólares y restringiendo las transacciones e importaciones de bienes vitales que no llegan a manos de los venezolanos.  Por tanto, el tratamiento que hace el Banco Mundial en el material difundido en redes sociales sobre la coyuntura en el país bolivariano, es una muestra más del cerco mediático que invisibiliza tanto al bloqueo como al pueblo en Venezuela.